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lunes, 29 de marzo de 2010

Vuelve la primavera
























Me he bañado en tu aroma de azahar, que apenas apagó los vestigios de los incensarios de la víspera, el olor a sirio, el sonido de tambores y trompetas aún tronando en ruidos lentamente mitigados, en una inútil resistencia para terminar acallándose del todo. Hechos de los que me siento alejado, por connivencia con creencias ajenas a mi mente, a mi manera de ver la vida, de entender este mundo, pero despiertan en mi alma cierto sabor de añoranzas, de recuerdos que no quieren disolverse en las tinieblas de un pasado reciente.
Me he bañado en los rayos de un sol que nos ha sido devuelto. En la templanza de tu aire, en la frescura de tu brisa.
La primavera ha vuelto y con ello la vida ha recobrado sus nuevos bríos. Aquellos oscuros nubarrones, aquellas incesantes tormentas, tan ajenas a nuestras costumbres ya forman parte de un pasado.
Bienvenido a tu tierra, Sol de primavera.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Pasaje Chinitas
























Lejana juventud
Canto al Pasaje de Chinitas donde parte de ella aún permanece.


En tí fluctúan recuerdos de una lejana juventud,
impregnando y coloreando tus muros con remotas evocaciones,
sentimientos que por dolorosos, parecen emerger de un tenebroso infierno,
despertados por amores negados,
que como largos y fríos anocheceres de invierno
permanecen en mi interior aletargados.

Los años han calmado y serenado irremisiblemente mi impetuosa actitud,
han apaciguado mis pasiones,
aquellas que brotaban de una mente aturdida por el humo o excitada por licores,
entre gloriosa risa y algarabía
ahogando atisbo de tristezas, aplacando ardores
anhelantes de paraísos requeridos y reinos de alegría.

Nostalgia que llena mi ser de zozobra, mi espíritu de acritud,
elevas en mi interior emociones
cuando afloran ardientes pesares
por sentirte tan lejana
sobre recuerdos encumbrados en pedestales y altares
temeroso de lo que me reserva el mañana.

viernes, 8 de enero de 2010

Calle San Agustín

Inexpugnable quietud que transmite a mi alma
cuando en la imposibilidad de gozarte en soledad,
como te veo en este instante insólito,
sin la interferencia de rostros desconocidos,
de pasos extraños que distraigan mis pensamientos,
ni la mirada, embelesada por los encantos que desprenden tus muros y paredes,
que como rostros llenos de vitales sentimientos,
miran a través de ventanas:
ojos que traspasan almas impunes,
que vagan perdidas en ensoñaciones,
atrapadas en tu beldad,
y la certeza de que algo aún más hermoso me aguarda, desconocido y anhelado, en la torre que enalteces con soberbia,
medio oculta tras la tímida palmera.